El estrés y el mal humor suelen estar detrás de las compras impulsivas y decisiones financieras cuestionables, de las que a menudo nos arrepentimos, el malestar emocional provoca que se “desconecte” en nosotros la región de control del cerebro responsable de gestionar los objetivos a largo plazo, retrasar la gratificación y resistir los impulsos y las tentaciones.
En su lugar, “toma el timón” otra zona cerebral, denominada sistema de recompensa, demandando una gratificación instantánea que nos haga sentir mejor.
Un primer paso crucial hacia un gasto más consciente consiste en analizar nuestros patrones de consumo e identificar los factores (como la temporada de Rebajas en las tiendas) y las situaciones (salir de compras después de haber tenido “un mal día”) que incitan al gasto compulsivo, para así poder evitarlo.
Una frase para recordar: “El autoconocimiento es clave. Procura identificar aquellas situaciones que te incitan a gastar compulsivamente, para evitar las compras por impulso”.